ADAM ALTER
Psicólogo;
profesor auxiliar de mercadotecnia de la Escuela de Empresariales Stern;
adscrito profesionalmente al Departamento de Psicología de la Universidad de
Nueva York
2. El clima y la temperatura ambiente
A nadie le sorprende que la soleada
calidez del verano contribuya a hacer que la gente se sienta más feliz, pero lo
cierto es que tanto las condiciones climáticas como la temperatura ambiente tienen
otros efectos en nuestra vida mental —unos efectos realmente más inesperados—.
Con el clima lluvioso tendemos más a la introspección y a mostrarnos
reflexivos, circunstancia que a su vez contribuye a mejorar nuestra memoria
(véase Joseph Forgas y otros, Journal of Experimental Social
Psychology, 2009). En el estudio de Forgas se revelaba que la gente
lograba recordar con mayor exactitud las características de una determinada
tienda en los días de lluvia que en las jornadas soleadas. La bolsa tiende a
subir en los días hermosos y bañados por el sol, mientras que los días fríos y pasados
por agua fomentan la pereza y tienden a provocar breves bajadas de los valores
bursátiles (véase por ejemplo, David A. Hirshleifer y Tyler Shumway, The Journal
of Finance, 2001; junto con Edward Saunders, American
Economic Review, 1993). Todavía más sorprendente resulta el hecho de que
exista una relación entre los cambios de tiempo y los índices de suicidio,
depresión, irritabilidad y diversos tipos de accidentes. Todo ello provocado,
según se dice, como reacción a la ocurrencia de cambios en la situación eléctrica
de la atmósfera (véase J. M. Charry y F. B. W. Hawkinshire, Journal of
Personality and Social Psychology, 1981). La asociación entre las
temperaturas cálidas y la amabilidad humana es algo más que una metáfora.
Varios estudios recientes han mostrado que la gente tiende a juzgar que los
desconocidos le resultan más agradables si se forma sus primeras impresiones en
torno a una taza de café (véase por ejemplo, Lawrence E. Williams y John A.
Bargh, Science, 2008). La
metáfora que vincula la calidez con la amabilidad se hace incluso extensiva a
la exclusión social, puesto que la gente siente frío, literalmente, cuando
queda socialmente excluida.
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